Una estrella para Cervantes

Esta es una ocasión única para poner Cervantes al nombre de una estrella. Votemos porque mu-Arae tome el nombre del escritor más grande de todos los tiempos.

Manuel Blázquez

Edición: Agosto 2014

El cielo está plagado de estrellas. Alguien dijo una vez que en el cielo hay mas estrellas que granos de arena de todas las playas y todo el fondo marino. Nosotros, vivimos en un pequeño planeta de un modesto sistema solar calentado por una estrella de tipo y edad media, situado en un rincón de uno de los brazos de una galaxia, la Vía Láctea, que viaja por el espacio y el tiempo junto con un grupo de galaxias, el Grupo Local.

Poco a poco, vamos desentrañando los misterios del Universo, como dando pasitos de hormiga. Hace unas pocas décadas se empezó a cuantificar la edad del Universo y eso que tan solo disponíamos de telescopios, inventados cuatro siglos antes. Bueno, no solo telescopios, también mucha imaginación para desarrollar la tecnología necesaria como para escuchar los sonidos que no se oyen y las luces que no se ven.

Descubrir por la Ciencia es un apasionante viaje hacia un destino que desconocemos; es como dijo hace casi mil años el filósofo Bernardo de Chartres, "viajar como enanos a hombros de gigantes". Así, siendo tan pequeños somos capaces de ver más allá de donde nos llega nuestra propia vista, de escuchar las señales para descubrir la fuente que las produce y de imaginar qué forma y cómo evoluciona el Universo.

Precisamente de gigantes trata este artículo, de los gigantes que imaginó Don Quijote. En ese episodio que Cervantes describió en La Mancha se juntaron las dos principales características de la Naturaleza Humana, la de Don Quijote en su afán de ver donde no hay y la de Sancho, tratando de ponerle a su señor los pies en la Tierra. Lean si no, este fragmento:

—La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

—¿Qué gigantes? —dijo Sancho Panza. .

—Aquellos que allí ves —respondió su amo—, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas. .

—Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino. .

—Bien parece —respondió don Quijote— que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

Y como todos saben, pudo el espíritu aventurero de Don Quijote a la racionalidad de Sancho. Así, de esta forma tan sencilla, se define la historia del Hombre. Si solo viéramos molinos de viento, seguiríamos caminando por las sabanas africanas, con miedo a salir de lo conocido. Pero no, exploramos y conquistamos el mundo. ¿No se merece, tan solo este fragmento, una estrella?.

Un Altar para Cervantes

Desde nuestra posición en el Universo hemos trazado un mapa de las estrellas. De la misma forma, que dividimos un mapa en océanos y tierras, y así sucesivamente en continentes, regiones y comarcas, así hemos hecho un mapa estelar dividiendo el cielo en regiones, las constelaciones. El trabajo terminó en 1930 cuando la Unión Astronómica Internacional (IAU) estableció los límites precisos que delimitaban las porciones de cielo que formarían las actuales 88 constelaciones. Cada región es un área del cielo y en todas ellas predominan algunas estrellas que por su elevada magnitud son visibles a simple vista. Así, por ejemplo desde el hemisferio boreal (la semiesfera terrestre que corresponde a la latitud norte), podemos observar constelaciones con formas representativas que se extienden en toda la región como Pegaso, la Osa Mayor, el Dragón, Casiopea o Perseo. La línea que divide aproximadamente el hemisferio boreal del austral, la conocida como Eclíptica, forma el camino donde encontrara al Sol, a la Luna, a los planetas de nuestro sistema y muchos de los cometas que nos visitan periódicamente. Todo el camino circundante que forma la Eclíptica pasa por en medio de las 12 regiones quizá más conocidas por todos, las regiones zodiacales, esto es Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis.

Ya en el hemisferio austral, los nombres de las constelaciones no suenan tan épicos y nos podemos encontrar regiones bautizadas con el nombre de la Grulla, el Tucán, la Máquina neumática, el Buril, el Horno o el Telescopio. Simplemente, observando estos nombres se puede imaginar uno que se establecieron en tiempos modernos. Precisamente en una de estas regiones, lindando al Sur con la constelación de Escorpio en la que brilla con increíble intensidad la estrella Antares, se encuentra la constelación del Altar o constelación de Ara.

El Altar o Ara no es una constelación que destaque por tener estrellas brillantes. Más bien, resulta un poco difícil ver sus estrellas a simple vista ya que la estrella con mayor magnitud es la estrella Beta de Ara ( Beta Arae ) con una magnitud de 2,85. Pero en cambio, sí que aloja una estrella (Mu Arae) con cuatro planetas conocidos orbitando alrededor de ella. La estrella, de magnitud 5, se encuentra, como nuestro Sol, en la Vía Láctea, a una distancia de casi 50 años-luz. Aquí es dónde empieza el interés, porque habrán podido observar que a falta de nombres propios, la IAU establece la denominación de una estrella con una letra del alfabeto griego y el nombre de la constelación.

La iniciativa de llamar Cervantes a mu-Arae

De vez en cuando, la IAU plantea denominar determinadas estrellas con nombres propios, sobre todo cuando se tratan de estrellas con mundos recién descubiertos, siguiendo la costumbre de las civilizaciones griegas o árabes en la antigüedad. En esta ocasión, en 2015 y sólo hasta el 31 de octubre, se ha pedido a los internautas que voten por el nombre que llevará esta estrella y entre otras candidaturas, el Planetario de Pamplona y la Sociedad Española de Astronomía han propuesto denominar "Cervantes" a mu-Arae y con ella, nombrar igualmente a sus cuatro planetas respectivamente "Don Quijote", "Dulcinea", "Rocinante" y "Sancho".

¿Cómo se puede votar por Cervantes?

La IAU dispone de una web en Name ExoWorlds donde se puede encontrar la propuesta hispana y donde con tan solo hacer clic en el botón de Vote se puede apoyar la iniciativa.

Si alguno tiene interés por visualizar la estrella, aquí van los datos astronómicos donde dirigir el telescopio e incluso la mirada, si se encuentran en alguna localización fuera de las zonas urbanas donde se pueda observar la futura "Cervantes" a simple vista.

Constelación Ara

Ascensión recta (α) 17h 44m 08.7s
Declinación -51° 50′ 03″
Magnitud aparente +5.12
Distancia del Sol 49,8 años luz
Paralaje 65,46 milésimas de segundo
Masa solar 1.10 ± 0.05 M
Radio 1.3150 ± 0.0190 R
Temperatura superficial 5813 ± 40 K
Periodo de rotación 31 días

Ayuda a que mu-Arae se llame Cervantes

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